La Industria de la moda en Cali, Colombia se vio fuertemente afectada por el terremoto de 7,4 magnitud del 10 de Agosto de 2026 en el occidente del país que afectó a 12 departamentos. Cali, tercera ciudad en importancia de Colombia es uno de los principales polos productivos de las industrias de la moda, calzado y accesorios. Su papel como núcleo industrial, comercial y de servicios del suroccidente, y su conexión con Buenaventura, amplifican las consecuencias sobre las cadenas productivas.
Para la industria de la moda, conformada mayoritariamente por pequeñas unidades, el impacto físico se trasladó rápidamente a la operación. De acuerdo con un informe publicado por Claudia Marcela Sanz, de la Universidad de San Buenaventura; Cali registra más de 7.300 unidades productivas formales vinculadas al Clúster de Sistema Moda y Confección; más del 96% son micro y pequeñas empresas. De acuerdo con datos de la Cámara de Comercio de Cali, la ciudad concentra el 91% de las empresas afectadas de su área metropolitana y el 46% de las afectadas en el departamento del Valle del Cauca. El total departamental fue 7.448 empresas impactadas.
Las cifras son bastante impactantes ya que el 73% de las empresas de Cali enfrenta restricciones severas para funcionar: 29% no puede abrir y 44% trabaja a media marcha. El 57% reporta daños en infraestructura, maquinaria o equipos y el 29% registra pérdidas directas de inventario y mercancías. Para talleres de confección instalados en viviendas o locales adaptados, estos daños comprometen máquinas, mesas de corte, rollos de tela y, en algunos casos, el espacio habitacional y productivo.
El efecto financiero puede prolongarse. El 74% de las empresas reporta pérdidas de hasta 20 millones de pesos (U$6.500), mientras el 58% reclama capital semilla o recursos no reembolsables. Solo 16% manifiesta interés o capacidad para asumir nuevo crédito. Al mismo tiempo, el 57% señala una reducción de clientes, pedidos y facturación, mostrando que la recuperación dependerá de reconstruir infraestructura y reactivar la demanda. Lo que plantea un reto importante de articulación entre el sector productivo, instituciones y gobierno.
Otro de los puntos críticos es el empleo. El 62% de las unidades productivas reporta entre uno y cinco empleos directos en riesgo inminente. Aplicado al universo de más de 7.300 unidades, permitiría proyectar entre 4.500 y 22.600 puestos potencialmente expuestos, aunque el informe no presenta una cifra consolidada de empleos perdidos. En los talleres barriales, donde la actividad productiva se mezcla con la vivienda y existe una alta participación de mujeres cabeza de familia y operarias locales, la interrupción afecta ingresos y continuidad empresarial.
La sostenibilidad de la cadena productiva de esta región queda vinculada a recuperar mercados. Sanz advierte que una prolongada caída de pedidos podría desplazar proveedores caleños hacia otras ciudades. Entre las medidas planteadas aparecen compras públicas locales, anticipos para capital de trabajo, alianzas entre grandes empresas y talleres afectados, espacios productivos temporales y herramientas digitales para reconectar la oferta de Cali con compradores nacionales.
